tachaduras
Signos musulmanes
Ayer, la noticia era que Francia prohibía (habría de prohibir) la ocultación del rostro en el espacio público (léase: el uso de chador o burka). Ahora, el veredicto afecta al rezo: no se podrá orar en el espacio público que, cada vez más, se parece a un espacio concentracionario (¿si yo pienso en Dios y canto mientras camino por la calle, estaré violando la ley?).
El ser musulmán es penalizado de todas las formas posibles en las ciudades occidentales como si se tratara de una lepra. Pienso en todas estas cosas mientras camino por las calles elegantes de Taksim, en Estambul, y me cruzo con mujeres musulmanas. No esas chicas que llevan el pelo oculto por pañuelos con estampados chillones y visten impermeables de nailon de colores pastel, sino esas que parecen salidas de nuestras pesadillas, cubiertas de sedas negras de la cabeza a los pies, incluidas la cara y las manos (enguantadas), y con anteojos oscuros para evitar siquiera el contacto ocular (digo bien: ocular y no visual; lo que está en juego es la relación táctil que, a través de la luz, se establecería entre un ojo y otro).
Ellas van de la mano con sus maridos o novios, vestidos con bermudas y remeras, como cualquiera de nosotros (¡nosotros!; digo mal: como cualquiera que no adhiera a los rigurosos códigos establecidos por los seguidores del Profeta). ¿En qué se funda una diferencia semejante? ¿En la relación de dominio de hombres sobre mujeres, como le gustaría pensar a cualquier liberal à la Sarkozy?
Para mí, el asunto es más grave y pienso en el rito brutal al que son sometidos los varones, la circuncisión. ¿Cómo, si ellos han debido aceptar lo Descubierto como mandato de por vida, habrían ellas de negarse a la obligación simétrica de lo Cubierto? No es sólo un problema de fe lo que se juega en esas parejas andantes de ocultamientos y desocultamientos, ni tampoco una teoría del amor (reservo la exposición de lo más íntimo de mi sólo para quien amo), sino un principio de simetría típico de las sociedades monoteístas en las que la diferencia, que para “nosotros” es el fundamento de las multiplicidades, produce sólo tachaduras.



23/09/11 - 10:39