VICTIMAS Y LEGISLACION

Otra bengala perdida

Por Jorge Garayalde

13/05/11 - 10:05

 

A pesar de Cromañón, de las advertencias, de la legislación, del respeto a quienes inocentemente fueron impactados por estas armas del aire, la historia se cobra una vida más.

Basile era un chico de apenas 25 años, hincha de Racing Club, que regresaba a la cancha después de un largo tiempo, acompañado de su novia: jamás había imaginado que ese 3 de agosto del ’83 sería la última vez que vería a su Academia del corazón.
El sábado 18 de abril de 1992, a las 18.20, Lorena Martínez, de 13 años, murió cuando una bengala se clavó en su cuello. Estaba junto a su hermano y padres en Mundo Marino esperando para ingresar a una función, cuando de repente a 200 metros de ellos, en el anfiteatro del lago, un joven animador decía al público: “Rambo no tiene teléfono, pero ya sé cómo comunicarme con él, usaré esta superbengala luminosa”, y la disparó.

Miguel Ramírez falleció el pasado lunes 9 de mayo, luego de una semana de agonía. En pleno recital de La Renga en el Autódromo Roberto Mouras de La Plata, fue terriblemente impactado por una bengala arrojada desde el público. Estaba esperando su tercer hijo; jamás imaginó morir así.

Todos fuimos testigos de las imágenes de la hinchada de Vélez repartiendo y prendiendo bengalas en el mismo momento en que nos enterábamos de la terrible noticia de la muerte de Miguel. ¿Es que no tenemos ya ni el mínimo respeto por lo que pasa alrededor de nosotros? ¿Qué sociedad avanza sin el acatamiento de las normas? Las cifras de víctimas por armas de este tipo aterran, pero se siguen encendiendo.
Las estadísticas del Ministerio de Salud del Gobierno porteño de las celebraciones del último año nuevo son contundentes: sus hospitales especializados en oftalmología y quemados atendieron a 87 heridos. El Hospital del Quemado recibe un promedio de 400 pacientes en los últimos dos meses del año, el 50% del total de pacientes que atienden en el año.

En la Argentina, el rubro de pirotecnia está contemplado en la Ley Nacional de Armas y Explosivos Nº 20.429 y fiscalizado por el Renar (Registro Nacional de Armas). En este sentido, es importante aclarar que sólo el Renar puede expedir aprobación certificada sobre los artículos explosivos.
En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, por la Ley Nº 1.472 se aprueba el Código contravencional de la Ciudad, que en sus artículos 106 y 107 sostiene como contravenciones: “Ingresar artefactos pirotécnicos. Quien ingresa o lleva consigo artefactos pirotécnicos a un espectáculo masivo, de carácter artístico o deportivo” y quien con motivo o en ocasión de un espectáculo masivo, de carácter artístico o deportivo, guarda artefactos pirotécnicos en dependencias del lugar en el que se desarrollan tales actividades. En este sentido, la diputada Marta Varela (PRO) presentó en marzo de 2010 un proyecto de ley para regular la venta y uso de la pirotecnia en la Ciudad.
Asimismo, existen normas en la provincia de Tierra del Fuego y los municipios de Bahía Blanca, San Martín de los Andes, Río Tercero, Bariloche, Puerto General San Martín y la aprobada en la localidad de La Plata, que entró en vigencia días después del impacto contra Ramírez. En todos los casos, coinciden en la necesidad de que sea una persona autorizada quien accione los artificios pirotécnicos.

Las leyes existen, la Policía cuenta con las herramientas para prevenir el ingreso de estas armas del aire a los estadios y los clubes con el derecho de admisión. ¿Cuál es la solución? Debemos generar garantías para que todos los actores involucrados en los eventos masivos se sientan protegidos y puedan actuar para prevenir los incidentes. Así, que el cantante frene su show al ver encendido un artificio explosivo, que los jugadores paren la pelota o que los árbitros tengan la tranquilidad de que cuando vean encender un artificio explosivo puedan detener el partido, entre otros. La única salida es hacer respetar las instituciones y que se cumpla con la ley.

Mucho menos grave que el episodio de la muerte concreta y real, pero no menos importante, es el carácter simbólico que adquiere un nuevo episodio criminal con pirotecnia. Nuestra sociedad tiene parte de su cuerpo quemado por Cromañón, una llaga que sigue abierta en la memoria colectiva, aunque de a poco se vaya cerrando en los estrados judiciales. Esto hace que debiéramos redoblar esfuerzos en los controles y cuidados referidos al uso de bengalas, candelas, tres tiros, etc.
Cantaba el flaco Spinetta recordando la muerte de Basile: “Y la espiral que me habrá de llevar no es mejor que todas esas vueltas que di, buscando un amanecer, buscando un amanecer, buscando un amanecer”.


*Presidente de la Comisión de Turismo y Deportes de la Legislatura porteña.